¡¡¡¡¡¡Rennes-le-Château y los Tesoros perdidos¡¡¡¡¡

Un oscuro monumento situado en las cercanías de Rennes-le-Château sirvió de modelo para un cuadro pintado en Italia y expuesto actualmente en el Louvre. Éste y otros enigmas vinculan al abate Saunière con historias de tesoros ocultos y órdenes militares.

Cuando Béranger Saunière pasó varias noches en el cementerio de Rennes-le-Cháteau borrando las inscripciones de las dos lápidas de la tumba de Marie de Negri d’Albes, no sabía que ya habían sido copiadas: una vez por el Bulletin de la Société des études scientifiques de l’Aude, y otra en un libro de Eugène Stublein, Pierres gravées du Languedoc.

La primera lápida se ha perdido. En la transcripción, llaman la atención los errores que contiene. Al parecer, fue encargada por el que era entonces abate de Rennes-le-Cháteau, Antoine Bigou.

La segunda piedra subsiste, sin ninguna inscripción, como tapa de un osario, en el rincón noroeste del cementerio. Tenía grabadas una serie de frases enigmáticas, entre ellas un lema monogramático que también aparece en uno de los manuscritos que descubrió Saunière. Una de las frases es el conocido dicho latino Et in Arcadia Ego, cuya traducción es «Yo también estoy en Arcadia». Significa que aun en el legendario paraíso de los pastores griegos, la muerte estaba presente.

Saunière trajo consigo de París una reproducción del cuadro «Los pastores de Arcadia» de Nicolás Poussin, pintado entre 1635 y 1650. Representa a tres pastores y una pastora clásicos ante una gran tumba, en la que se lee una inscripción: «Et in Arcadia Ego». Y a 10 kilómetros de Rennes-le-Cháteau, en una colina rocosa, está esa misma tumba. Ha sido recubierta con cemento, de modo que no se aprecia ninguna inscripción, pero su forma es inconfundible y hasta ciertos picos montañosos del horizonte pueden ser identificados.

Marie de Negri estaba emparentada con la familia de Hautpoul, descendiente de Bertrand de Blanchefort (primer Gran Maestre templario), y con los Fleury, que recibieron la herencia familiar. En 1644, François-Pierre de Hautpoul, barón de Rennes, hizo testamento y le agregó documentos que apoyaban el derecho al título de la familia durante más de 600 años. El testamento y los documentos se extraviaron durante más de 130 años. Cuando fueron recuperados en el despacho de un notario y un Hautpoul quiso verlos, recibió la siguiente respuesta: «No sería prudente por mi parte hacer público un testamento tan importante…» Los papeles volvieron a desvanecerse.

En 1792, Bigou rehusó jurar fidelidad a la nueva República Francesa y cruzó la frontera en dirección a España, donde murió. La familia Fleury también se exilió.

Pero en la decoración de la iglesia, Saunière hizo una alusión directa a las tierras de los Fleury. Sobre el confesionario hay un gran relieve que representa a Cristo en el monte de los Olivos, hecho de madera y yeso. El empinado montecillo está lleno de flores (fleuri, en francés) y el paisaje del fondo tiene rasgos del de los alrededores de Rennes.

Se ha especulado con el significado del texto que hay debajo de este cuadro: «Venid a mí, los que estáis abrumados, y yo os daré el descanso». En francés, «los que estáis abrumados» se dice «vous qui êtes accablés», y es fácil descubrir las palabras été (verano), sac à cable (saco con cuerda) y blé (trigo, pero también tesoro, en lenguaje coloquial).

Se han descubierto acertijos del mismo tipo en la inscripción de una imagen de la Magdalena que el mismo Saunière pintó en el panel delantero del altar. El ingenuo relieve muestra a María Magdalena arrodillada en una gruta. Existen muchas grutas y cuevas alrededor de Rennes. En su juventud, Saunière debió de conocer a un viejo ermitaño que vivía no muy lejos, en la garganta de Galamus, en una gruta o aven aislada y dedicada a San Antonio, parecidísima a aquella en que se arrodilla la Magdalena, y que también coincide con la descripción del abismo en el cual el pastor Paris descubrió sus monedas.

Por otra parte, existe un vínculo significativo entre San Antonio y María Magdalena. San Antonio está considerado como la primera persona que organizó la vida monástica. Algunas de sus reliquias fueron trasladadas a Francia, y en el siglo XI se construyó una gran catedral para custodiarlas. Quienes habían recuperado las reliquias fundaron la Orden de San Antonio, que finalmente se fusionó con una de las grandes órdenes militares, los Hospitalarios de San Juan.

Se dice que los antoninos introdujeron el culto de Santa María Egipcíaca. Ésta, que vivió a fines del siglo IV, había sido prostituta en Alejandría. Pero inspirándose en la historia de San Antonio se arrepintió, y pasó el resto de su vida sola en un lugar desierto. Se la confundió con María Magdalena en la oscura leyenda de las tres Marías, evangelizadoras de la Provenza, con lo cual enlaza también con los cultos de las vírgenes negras que había sobrevivido en toda Francia en grutas subterráneas, dedicadas a la antigua diosa madre.

Por otra parte, después de la ascensión de la masonería en Francia, no pasó mucho tiempo antes de que se afirmara que existía una conexión legendaria entre los antiguos secretos de los constructores del templo de Salomón, los caballeros templarios y la masonería escocesa.

Cuando Béranger Saunière llegó a París en enero de 1893, se encontró en medio de una disputa entre la Ordre Kabbalistique en la Rose-Croix y la Ordre de la Rose-Croix Catholique du Temple et du Graal. El Rosacrucianismo y la Rose-Croix no eran nuevos en Francia. Ya en 1623 se dijo que el filósofo Descartes era rosacruz. Y en la Francmasonería, el grado 18 del rito «escocés» es el Caballero del Pelícano y del Águila y Príncipe Soberano Rosacruz de Heredom.

Pero la Francmasonería fue prohibida en tiempos de la Revolución Francesa. Aunque Napoleón revivió el interés por el movimiento, hubo que esperar a la restauración de la monarquía para que volviera a florecer, combinado con un creciente interés por el ocultismo.

El hilo está enredado, y hay pocas o ninguna prueba de que las extravagantes afirmaciones que se han hecho sean ciertas. Pero si los templarios o los antoninos hubiesen poseído información secreta, ésta podría haber pasado a los hospitalarios, que se hicieron cargo de gran parte de las propiedades de los templarios, o podría haber pasado de generación en generación a través de las familias supervivientes. Quizá sea cierto que los Rosacruces poseían un secreto, como pretendían ellos; quizá la Francmasonería tiene realmente la clave del enigma Rosacruz; quizá algún ocultista de París reconoció en los papeles que traía Saunière la clave de algo perdido y muy preciado.

Junto a la entrada de la iglesia de Rennes puede verse una figura de Asmodeo, «demonio y guardián» que custodiaba el tesoro de Salomón. Encima de él hay cuatro ángeles. A primera vista, éstos parecen hacer la señal de la cruz, pero el ángel de arriba tiene la mano izquierda en el pecho y la mano derecha encima de la cabeza: éste es el gesto de Asmodeo, el signo que rodeaba la cabeza de macho cabrío de Baphomet en los ritos de los templarios.

Y así están las cosas, por el momento. Todavía no sabemos -y probablemente no sabremos nunca- qué fue lo que encontró Saunière. El misterio empieza con el descubrimiento de los manuscritos y su conexión con la tumba de Marie de Negri d’Albes. Sólo dos de los cuatro manuscritos han sido fotografiados y publicados; quizá fueran los menos importantes, y los otros proporcionen detalles más explícitos acerca de la ubicación del tesoro, cuya leyenda había ido pasando, de generación en generación, por la familia Blanchefort.

Pero la pieza que faltaba tenía que ser, o un documento, o el mismo tesoro y, presumiblemente, la tumba que pintó Poussin contenía alguna clave, razón por la cual fue cubierta de cemento. También la gruta puede haber contenido un tesoro escondido -de los visigodos, de los cátaros, de los templarios- cuya recuperación puede haber sido confiada a Saunière con la debida supervisión. Quizá éste, como muestra de agradecimiento, restauró su iglesia con motivos que hacían una enigmática referencia al origen de su riqueza.

El papel desempeñado por el Prieuré de Sion, la conexión con los Habsburgo y todas las ramificaciones de esta organización casi desconocida… son otra historia.

El Secreto De La Tumba

El cuadro de Poussin «Los pastores de Arcadia» del que existen dos versiones, plantea algunos problemas fascinantes. La primera versión, que pertenece en la actualidad a la colección de Chatsworth House, en Derbyshire (Inglaterra), se inspiró en un cuadro del Guercino, ejecutado en 1620, y parece probable que el Guercino o sus mecenas, Giulio Rospigliosi, que después fue el papa Clemente IX, compusieran la famosa frase «Et in Arcadia Ego».

En el cuadro del Guercino, dos pastores han encontrado un cráneo humano apoyado en un bloque de piedra en el que está grabada la inscripción; en la primera versión de Poussin, dos pastores y una pastora leen la inscripción en una tumba ornamentada al estilo clásico. El cráneo, que forma parte de la decoración de la tumba, es apenas visible, y la cuarta figura es una personificación del río Alfeo.

La segunda versión del cuadro, la que se halla ahora en el Louvre, es visiblemente distinta. El cráneo ha desaparecido, Alfeo ha sido sustituido por un tercer pastor, y las posiciones de las figuras han cambiado. En cuanto a la tumba, ha perdido toda su elegancia y su decoración; ahora constituye un bloque casi cúbico de piedras toscamente talladas, y la parte superior tiene la característica inclinación de la tumba solitaria de las afueras de Arques. Parece imposible que Poussin eligiera como modelo semejante monumento a menos que el original le resultara familiar. Y, ¿qué razones pudo tener para realizar una segunda versión de un tema no muy corriente? En efecto, este tema parece haber tenido un significado especial en la vida de Poussin: cuando su tumba, en Roma, fue restaurada por Chateaubriand en 1829, le agregó un relieve con los pastores de Arcadia.