LA VERDADERA HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS

Si ha habido alguna vez un misterio histórico apasionadamente perseguido y no comprendido con claridad ese es el de la orden del temple.

A mediados del siglo XII en Jerusalén, en el año 1118 bajo el reinado de Balduino I, llegaron 9 hombres entre quienes se encontraba Godofredo de Saint-Audemar, a quien podríamos decir que era segundo al mando ya que se encontraban lidereados por el francés Hugo de Payns, quien había crecido bajo una sólida educación cristiana y un hábil manejo de las armas.

Llegaron a Jerusalén para proteger a los peregrinos que llegaban desde Europa a tierra santa, sin embargo, de esa misión nació la orden que sería una poderosa fuerza militar y económica no solo de los cruzados sino de toda Europa, y que habría de despertar tantos pensamientos acerca de los misterios que encierra su historia.

Tales misterios como la adoración a una “Figura bafomética” (de aspecto horrible, barbuda y con cuernos) la cuál algunos dicen que era la cabeza de Juan Bautista, mientras que otros dicen que era una especie de símbolo mágico que podría compararse con un dios, más adelante será explicado con más detalle este tema, sin embargo cabe resaltar que en los cargos contra ellos el que tenía mayor peso era el de la adoración a la temible figura, que era interpretada erróneamente por los inquisidores como la figura del diablo.

Hugo de Payns, el misterioso líder que inicio la orden de los Templarios Cuando el rey Balduino I los recibió en Jerusalén, les dijo que podían acomodarse y vivir en una parte de su palacio sobre las caballerizas del templo de salomón.

 Y de ahí el nombre de caballeros templarios. Algunos especulan que fue precisamente en esa localización donde encontraron el santo grial, que dicho sea de paso, nadie sabe qué es exactamente. Aunque se cree que es un caliz dorado.

En un principio los 9 hombres se hicieron llamar “los pobres soldados de cristo” y luego fue fundada la orden de los caballeros templarios, debido talvez más a que la gente en Jerusalén los asociaba más con el templo del rey salomón que con el nombre con el que fue fundada la orden en un principio, aunque no hay que olvidar que no era oficialmente aceptada por el vaticano, esto fue aceptado hasta el concilio de troyes, como se explica más adelante.

La tarea más importante de esta orden en sus inicios era proteger a los cristianos que viajaban principalmente en el peligroso camino que conecta al puerto de Jaffa con Jerusalén. Cabe recalcar que durante los primeros 9 años de la orden no admitieron ningún otro adepto, se presume, a causa de que se encontraban realizando excavaciones secretas en busca del arca de la alianza o del santo grial, no hay un consenso acerca de qué era lo que tenían en su poder.

El historiador Jacques de Vitry, describe con esta cita lo que fue el origen del temple:

“Ciertos caballeros, amados por Dios y consagrados a su servicio, renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes pronunciados ante el Patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos contra los grupos de bandoleros, a proteger los caminos y servir como caballería al soberano rey. Observaron la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer. Al principio no había más que nueve que tomasen tan santa decisión, y durante nueve años sirvieron en hábitos seculares y se vistieron con las limosnas que les daban los fieles.”

La Oficialización ante la Santa Iglesia Bernardo de Clairvaux, el Abad que apoyó a la orden en el proceso de oficialización Transcurrido cierto tiempo, en 1127, el primer maestre de la orden Hugo de Payns, obtuvo el permiso del rey de Jerusalén para intentar “oficializar” la orden y emprendió un viaje a Roma con el fin de obtener una legítima aprobación del papa.

En ese entonces Balduino I había muerto y en su lugar se encontraba Balduino II, primo del fallecido, fue él quien escribió la carta al Abad (título que ostentan los superiores de los monasterios) Bernardo de Clairvaux ( personaje de la divina comedia, a quien Dante situa como el único con acceso al cielo más elevado, activísimo religioso que escribía cartas a a reyes, papas, obispos y monjes) quien los recibió calurosamente y con todos los honores.

Sorpresivamente Bernardo de Clairvaux (San Bernardo de Claraval) era pariente de dos de los nueve miembros de la orden del temple: Hugo de Payns y Andrés de Montbard. Dentro de sus pensamientos estaba precisamente el de sacralización de la milicia, por lo que fue recibida con entusiasmo la carta de Balduino II, y con ello el apoyo de tan importante figura estuvo garantizado. Bernardo de Clairvaux fue canonizado el 18 de Enero de 1174 incluido en el calendario de los santos por el Papa Alejandro III.

Sello con el cuál Bernardo de Clairvaux firmaba sus documentos, estos sellos eran comunes en la época y denotaban prestigio además de que en ocasiones contaban la historia del personaje Después del caluroso recibimiento de Bernardo de Clairvaux, Hugo de payns y los cuatro acompañantes que había llevado consigo a Europa fueron recibidos en calidad de recomendados por Bernardo de Clairvaux, por el papa Honorio II, en Roma.

 Los entonces miembros de la aspirante a orden, habían recibido de los canónigos del Santo Sepulcro la regla de San Agustín, misma que ellos profesaban que era una normativa que describía una serie de deberes religiosos que ellos debían llevar a cabo, sin embargo Bernardo de Claurvaux quería algo más de la nueva orden y en la primavera de 1128, se celebró un concilio extraordinario en Troyes, a la cuál asistió una serie de personalidades importantes dentro del ámbito religioso astutamente reunidos por el Avad Bernardo de Clairvaux, ya que todos estaban vinculados a el de cierta manera, ahí fue donde él mismo, expuso los principios y primeros servicios de la Orden.

Fue así como la Orden del Temple fue reconocida “oficialmente” como una militarización oficial de las cruzadas y luego de esto, el apoyo de nobles y príncipes fue requerido por el concilio para que ayudaran a la recién reconocida orden además de que se le pidió a Bernardo de Clairvaux que redactara una regla única original para los Templarios. Dichas leyes eran una mezcla de normas militares y normas religiosas, hacían votos de obediencia, castidad y pobreza. También se les impuso un manto blanco como prenda oficial y más tarde el papa Eugenio III le agregó una cruz de malta.

Su entrenamiento era tanto físico como espiritual, ya que se les instruía tanto de religión como del manejo de las armas. Cuando alguien se iniciaba en la orden de los templarios todos sus bienes (propiedades y grandes fortunas, cuando se trataba de nobles) pasaban a manos de la orden, así que no es raro que el poderío económico de los templarios creciera rápidamente.

A todas estas curiosas características de la orden, se le añade que únicamente respondían al papa y a la iglesia, de este modo, la defensa de Jerusalén y por qué no decirlo, futuras conquistas, estaban aseguradas. En su sentido de monjes, los templarios debían de pronunciar los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de conquista y conservación de tierra santa, aunque cumplir este voto significara sacrificar su vida.

Se distinguían de otras órdenes como la orden de los caballeros teutónicos o los caballeros de San Juan de Jerusalén, las cuáles eran más bien fundadas como instituciones de beneficiencia o caridad.
Caballeros Templarios exhibiendo la vestimenta típica: Cota de Malla, escudo, espada, casco y manta blanca con la cruz de malta Concilio de Troyes, donde la orden quedaba oficialmente formada en 1128

Los rangos en la orden estaban organizados de la siguiente manera:

Sirvientes (aspirantes) Escuderos Caballeros Priores comendadores Maestres ( De los cuáles el primero fue Hugo de Payns)Gran Maestre (Equivalente a príncipe)

Viendo esta clasificación cabe mencionar que solo los caballeros eran los que llevaban la indumentaria con que comúnmente son identificados (manto blanco y cruz de malta). Eran feroces combatientes y su servicio para Jerusalén era distinguido, aunque sostenían malas relaciones con la orden de los hospitalarios, a tal grado que para el año 1240 se habían deteriorado a tal magnitud, que caballeros de ambos bandos luchaban entre sí en plena calle en Acre.

Su desmesurado crecimiento material se debía a varias razones. En 1.139 consiguieron una bula papal que les excluía de la jurisprudencia, tanto civil como eclesiástica, con lo que no volvieron a rendir cuentas ni a reyes ni a obispos, únicamente al Papa. Además de los testamentos y donativos que recibían, también estaban las grandes fortunas de los nobles que entraban a formar parte de la orden. También podían recolectar dinero en todas las iglesias de occidente, una vez al año.

 Obtenían grandes beneficios comerciales con todo el excedente que obtenían de sus granjas y encomiendas.
Sello de los templarios, mostrando a dos caballeros templarios cabalgando, se dice que el número dos cobraba gran importancia para ellos debido a que representaba la dualidad, el arriba y abajo, que también estaba representada en la mítica figura de Baphomet Para 1170, la orden de los templarios se encontraba en Francia, Alemania, España y Portugal, y 50 años más tarde era la fuerza económica, militar, política y religiosa más importante de Europa.

Dentro de sus posesiones se presume que estaban:

9.000 encomiendas, que eran granjas y casas ruralesUn ejército de 30.000 caballeros (sin contar escuderos y sirvientes, artesanos y albañiles) Más de medio centenar de castillos Una flota propia de barcos (con puertos privados) La primera banca internacional

Tales castillos construidos por los templarios eran potentes formas de control sobre el territorio conquistado o amenazas para los territorios por conquistar, algunos de los castillos construidos por los templarios nunca fueron tomados, aunque sí abandonados cuando se retiraron a Palestina en 1221. El poder y prestigio de los templarios era tal, que cuando el rey de Aragón Alfonso I “El Batallador” murió, nombró como herederos del reino a los Templarios, aunque claro la nobleza Aragonesa no permitió que esto ocurriera y terminaron nombrando al Monje Ramiro II como rey de Aragón y a García Ramírez como rey de Navarra, no obstante tuvieron que ceder algunas propiedades y privilegios como compensación.

Los templarios resultaron una importante fuerza a tomar en cuenta en las campañas cruzadas en contra de los sarracenos, aunque no lograron tomar nuevamente jerusalén ya que Saladín había unificado a los árabes y ejercía un liderazgo ejemplar.

Cuando Jerusalén fue conquistada nuevamente por los árabes, los caballeros templarios se instalaron en Chipre, y a partir del siglo XII se establecieron en las zonas fronterizas de Cataluña, Aragón, Navarra y Castilla, desde donde pudieron participar en las conquistas cruzadas.

Almorchón es una de las antaño fortalezas templarias ubicada en España, Ligada a la historia de Fernando III “El Santo” tuvo que ser reconstruida por los templarios Alfonso I “El Batallador”

A través del tiempo los cruzados desarrollaron un excelente sistema bancario, fueron el primer banco de transacciones del mundo. Debido a que no pagaban impuestos ni diezmos puesto que solo respondían ante el papa, la fortuna de los templarios creció rápidamente, eran depositarios de los tesoros de algunos reyes.
La caída del temple Felipe IV “El Hermoso”, quien sería el responsable de que la orden del temple llegar a su fin acusándolos de herejía, sodomía y blasfemia

Uno de los reyes que depositó su tesoro en manos de los templarios era el rey Felipe IV “El Hermoso” de Francia. Con el tiempo acabó debiéndole a la orden y queriendo recuperar su fortuna y ambicionando también la demás riqueza de los templarios organizó un proceso inquisitorio en su contra apoyado por su maquiavélico canciller Guillermo de Nogaret; juntos planearon la caida del temple en 1309 talvez también sintiéndose amenazados por el poder militar de la orden.

Fue el papa Clemente V el que consintió que los templarios fueran acusados de Herejes y encerrarlos para posteriores torturas que confirmaran las acusaciones. Como es bien sabido, en muchos procesos inquisitorios o en la mayoría se acostumbraba torturar a los acusados hasta que dijeran la verdad, y después de esto se les torturaba más para purificar con dolor su alma.

Las acusaciones principales eran la adoración de ídolos (Baphomet o Bafumet), sodomía (se decía que durante algunos ritos de iniciación en rituales secretos de algún tipo de gnosis o magia, se daba el beso negro, beso en el ano) y escupir u orinar en la cruz. Las demás acusaciones eran menores. Bajo el poder de poderosas torturas los inquisidores obtuvieron las respuestas que querían, es decir que los templarios confesaban que las acusaciones eran ciertas.

Clemente V, el papa que apoyó las acusaciones de Felipe IV “El Hermoso” El papa Clemente V suprimió la orden en 1312, después del dictamen del cincilio de Vienne en 1311.

Fue así como en 1307 los templarios franceses fueron arrestados, incluido el gran maestre francés Jaques de Moley ( Jacobo de Molay ), quien 8 años después, en la hoguera, frente a la catedral de Nôtre-Dame, se arrepintió de todas las acusaciones que se había visto obligado a admitir por fuerza de las duras torturas a las que fue sometido e invitó a sus acusadores y enemigos al “juicio del cielo” en el plazo de un año, e increíblemente Felipe IV, Guillermo de Nogaret y el papa Clemente V murieron en dicho plazo de causas naturales.

Así como Jaques de Moley, muchos otros caballeros se arrepintieron y negaron las confesiones que se habían visto obligados a proferir, sin embargo de nada serviría para salvar a la orden, el daño estaba hecho y fueron quemados en la hoguera, se dice que solo 13 pudieron escapar.

Jaques de Molay siendo quemado vivo, como resultado del proceso inquisitorio, invitando a sus acusadores al “juicio de Dios” en el plazo de un año En España y Portugal la Orden fue refundada bajo nuevos nombres. En Aragón, la cuenta estuvo saldada con la disolución de la orden al declarlos inocentes en un concilio llevado a cabo en 1312 en Tarragona y sus bienes fueron a parar a los hospitalarios al igual que en Cataluña. En Valencia, los bienes de la orden fueron utilizados para la fundación de la Orden Montesa en 1317. En Castillas los bienes se los agenció la corona.

Seguidamente a la caída de los templarios, Europa se sumió en la guerra de los 100 años, una época de horribles y cruentas guerras, principalmente entre Inglaterra y Francia. Los caballeros que lograron huir del proceso inquisitorial fundaron nuevas órdenes, como las siguientes:

En Portugal la de Cristo En Finlandia la de San Andrés En España la Montesa Hay escritos que señalan que un tal Marc Larmenius, sucedió a Molay en la jefatura de la Orden en Francia.

Así fue como acabó una orden de valerosos caballeros que inspiraron buena parte de los relatos románticos de caballería y nobleza clásicos de la edad media, sumidos en el misterio y exterminados por la avaricia y el temor.