Todo sobre el misterioso Codigo de Da Vinci

Del libro a la gran pantalla

El éxito de la novela de Dan Brown, estaba empezando a invadir la conciencia pública cuando el presidente de Sony, Howard Stringer, animó al productor John Calley a que leyera el libro. “Me volvió loco, me fascinó. Era un thriller de primera”, comenta Calley.

El Código Da Vinci es una novela de ficción anti-católica que es un éxito de ventas en todo el mundo. Con más de 30 millones de ejemplares vendidos, traducida a 30 idiomas y con los derechos para la película en manos de Columbia Pictures y el director Ron Howard (con Russell Crowe de protagonista) se trata ya de un acontecimiento propio de la cultura de masas.

Los protagonistas se ven envueltos en un thriller de aventura, descifrando la simbología secreta en la pintura de Leonardo Da Vinci. Y el mensaje que transmite la novela es básicamente el siguiente:

Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325.

Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey = sang real = Santo Grial), fundadores de la dinastía Merovingia en Francia (y antepasados de la protagonista de la novela).

Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban “el sagrado femenino”; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil códigos culturales secretos más.

La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el 325 persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, matando millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento, destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados. En la novela el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto: que el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y que el primer dios de los “cristianos” gnósticos era femenino.

Del libro a la gran pantalla

El éxito de la novela de Dan Brown, estaba empezando a invadir la conciencia pública cuando el presidente de Sony, Howard Stringer, animó al productor John Calley a que leyera el libro. “Me volvió loco, me fascinó. Era un thriller de primera”, comenta Calley.

 Inmediatamente se aseguró una opción sobre los derechos.Al mismo tiempo, el copresidente de Imagine Entertainment, Brian Grazer, y su socio, el director y productor Ron Howard, también se interesaron en llevar el libro a la gran pantalla. A Grazer le intrigaban algunos de los temas subyacentes. “No sólo me pareció ‘El código Da Vinci’ un libro entretenido y apasionante sino que ciertos asuntos profundos que se trataban en él me llamaron la atención.

Planteaba preguntas que enfrentaban la historia y la creación de la historia, preguntas que me parecieron fascinantes y cautivadoras”.Cuando Grazer y Howard se enteraron de que Cally había adquirido una opción sobre los derechos le hicieron partícipe de la idea que tenían ellos de una posible versión cinematográfica de “El código Da Vinci” y se asociaron.

La mujer de Howard estaba leyendo el libro con su grupo de lectura, y, cuando él mencionó que a lo mejor llevaba la historia al cine, se alegró de ver que sus reacciones fueron todas positivas. Dice: “Descubrí el libro más o menos de la misma forma que todo el mundo, por el boca a boca. A la gente le ha interesado la novela por distintas razones y le ha impactado en muchos sentidos”.

Pero la principal razón por la que estaba deseando dirigir “El código Da Vinci” era su pasión por el thriller de aventuras. “Esta historia tiene el estilo y todos los ingredientes del suspense tradicional que hacen que una película funcione como relato de entretenimiento”, afirma Howard. “Hace que el espectador se confíe de que va en una dirección determinada, y de repente le sorprende de muchas maneras. Ese es el motivo por el que la historia escrita por Dan Brown ha cautivado a tantos lectores.

Resulta familiar en cuanto a lo que tiene de misterio y thriller, pero luego los acontecimientos dan un giro fascinante”.El dos veces ganador del Oscar® Tom Hanks, que encarna en la película al protagonista de la novela, Robert Langdon, también reconoce que fue un reto intentar llevar a la pantalla un libro de tanto éxito. “No puedes defraudar a los lectores, y, francamente, el libro es muy bueno. Puedes cambiar cosas, pero más vale que sea siempre para mejorarlo.

 La adaptación de algo tan específico como “El código Da Vinci” ha supuesto una tarea monumental para Akiva, que tiene un gran instinto como guionista a la hora de elaborar una gran narración cinematográfica”, afirma Hanks.El look de El código Da Vinci”El código Da Vinci” se rodó en diferentes localizaciones de Europa y en los estudios Pinewood y Shepperton, en los que se construyeron varios platós.Aunque la película se rodó en el Museo del Louvre, en París, fue necesario reproducir la Gran Galería en un estudio para que la mayor parte de la acción pudiera desarrollarse en un ambiente más controlado, lejos de las obras maestras del museo.

Para ello, el diseñador de producción Allan Cameron construyó secciones del museo en el plató “James Bond” de los Estudios Pinewood, a las afueras de Londres. “Sabía desde el principio que íbamos a reproducir una pequeña parte del Louvre en un plató. Pero, cuando fuimos al Louvre, nos preocupaba que pudiéramos dañar los suelos o alguna de las obras de incalculable valor, así que tras un par de viajes a París, decidimos construir más partes del museo en los platós de Pinewood.

En cualquier caso, desde mi punto de vista, era mucho más divertido rodar en el plató que en el museo. Mi artista escénico, James Gemmill, tuvo que pintar 150 cuadros que tuvieron que ser medidos cuidadosamente en el Louvre. Incluso creamos muestras de mármol para poder reproducir el mármol de alrededor de los zócalos y las ventanas. Por último, el suelo fue construido por mi carpintero utilizando para ello un revestimiento de madera similar al de la Gran Galería.

Luego, se hicieron fotografías que se imprimieron sobre láminas de plástico y se extendieron en el suelo”, comenta Cameron.AntecedentesLa obra de Leonardo da Vinci: El arte y El código Da VinciLa última cenaEn “El código Da Vinci”, el personaje de sir Leigh Teabing (Ian McKellen) ofrece una interpretación única de esta legendaria pintura que Leonardo da Vinci comenzó en 1495 y concluyó en 1498. Encargo de su mecenas, el Duque de Milán, Ludovico Sforza, “La última cena” es, en realidad, un mural pintado directamente en la pared del refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, en Milán.La Mona Lisa”La Mona Lisa” es uno de los retratos más famosos y reconocibles jamás pintados.

Leonardo comenzó a pintar a esta enigmática mujer con una curiosamente incitante sonrisa en 1503 y puede que continuara trabajando en el retrato durante años. Tres años antes de su muerte, cuando Leonardo fue a Francia a trabajar para el joven rey Francisco I, se llevó consigo el retrato. El cuadro fue expuesto por primera vez en Fontainebleau, posteriormente en Versalles y finalmente en el Louvre, donde el desconocido personaje nos sonríe en la actualidad detrás de un cristal de protección mientras la embelesada muchedumbre se agolpa para poder verlo.

Podría decirse que “La Mona Lisa” es la principal atracción del museo.La virgen de las rocasEn 1483, a Leonardo le encargaron que pintara una obra que iba a ocupar el centro de un retablo. Hay dos pinturas de “La virgen de las rocas”: la original sobre lienzo, que está colgada en el Louvre, y una copia posterior pintada sobre madera, que pertenece a la colección de la National Gallery de Londres.

 En esta pintura se representa a la Virgen María sentada con los niños Jesús y San Juan Bautista, y acompañados por el arcángel Uriel.La historia y El código Da VinciLos Caballeros TemplariosAparecieron en 1118, despúes de que la Ciudad Santa de Jerusalén (que había sido conquistada en el año 614 dC por el Califa Umar) fuese recuperada por las fuerzas cristianas durante la Primera Cruzada. El nuevo Reino de Jerusalén quedó bajo el reinado de Balduino I, coronado en 1100, y los Caballeros, con Hugo de Payns al frente, ocuparon una de las alas de su castillo, en el antiguo Al Aqsa Mosque, donde una vez se levantó el Gran Templo de Salomón.

 Por ello, pronto fueron conocidos como los Caballeros del Temple o los Templarios.El Priorato de SiónEn la novela, Dan Brown sostiene que el Priorato de Sión es una organización real fundada en 1099, y que una serie de pergaminos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de París revelan que entre sus miembros se hallaban destacadas figuras de la literatura, el arte y las ciencias. Sin embargo, los documentos de la Biblioteca Nacional han resultado ser modernas falsificaciones depositadas allí por Pierre Plantard, que admitió haber “fundado” el Priorato junto con tres amigos en 1956, para reírse un rato. Él fue nombrado Gran Maestre del Priorato en 1981.

EL CÓDIGO DA VINCI Y EL PRIORATO DE SIÓN

El Código Da Vinci pone en escena un golpe al Santo Grial. Este último -según la novela- no es, como la tradición siempre ha creído, una copa en que fue recogida la Sangre de Cristo, sino una persona, María Magdalena, la verdadera “copa” que ha tenido en sí la sang réal -en francés antiguo, la “sangre real” del Santo Grial- esto es, los hijos que Jesucristo le había dado. La tumba perdida de la Magdalena es por tanto el verdadero Santo Grial.

Nos enteramos además de que Jesucristo había confiado la Iglesia, que debería haber proclamado la prioridad del principio femenino, no a san Pedro sino a su mujer María Magdalena, y que nunca había pretendido ser Dios. Habría sido el Emperador Constantino (280-337) el que reinventara un nuevo cristianismo suprimiendo el elemento femenino, proclamando que Jesucristo era Dios y haciendo ratificar sus ideas patriarcales, autoritarias y anti-feministas en el Concilio de Nicea (325). El plan presupone que sea suprimida la verdad sobre Jesucristo y sobre su matrimonio y que su descendencia sea suprimida físicamente.

El primer objetivo está conseguido eligiendo cuatro evangelios “inocuos” entre las decenas que existen, y proclamando “heréticos” los demás evangelios “gnósticos” algunos de los cuales habrían puesto sobre la pista del matrimonio entre Jesús y la Magdalena. Respecto al segundo, para desgracia de Constantino y de la Iglesia católica, los descendientes físicos de Jesús escapan a su exterminio y siglos después consiguen incluso apoderarse del trono de Francia con el nombre de merovingios. La Iglesia consigue hacer asesinar un buen número de merovingios a través de los carolingios, que los sustituyen, pero nace una organización misteriosa, el Priorato de Sión, para proteger la descendencia de Jesús y su secreto.

Al Priorato se unen los templarios -perseguidos por esto- y más tarde también la masonería. Algunos de entre los más eruditos y artistas de la historia han sido Grandes Maestros del Priorato de Sión, y algunos -entre ellos Leonardo Da Vinci (1452-1519)- han dejado indicios de este secreto en su obra. La Iglesia Católica en este tiempo, completa la liquidación del primado del principio femenino con una caza de brujas, en la que mueren quince millones de mujeres. Pero todo es falso: el Priorato de Sión sobrevive, así como los descendientes de Jesús en familias que llevan los apellidos Pantard y Saint Clair.

¿FICCIÓN O HISTORIA?

Muchos objetan a cualquier crítica de la novela en cuestión que se trata de una ficción y que, como tal, no debe respetar la verdad histórica. Estos críticos, simplemente, han olvidado leer la página de Información histórica, donde Brown afirma que “todas las descripciones [?] de documentos y rituales secretos contenidos en esta novela respetan la realidad” y se fundamentan en particular sobre el hecho que “en 1975 ante la Biblioteca Nacional de París han sido descubiertos algunos pergaminos, conocidos como “Les Dossier Secrets” con la historia del Priorato de Sión.

Tal vez, en respuesta a las múltiples controversias, a partir de la sexta reimpresión, la página de Información histórica, página 9 de la edición italiana Mondadori, ha desaparecido, sustituida por una página 9 completamente blanca: pero naturalmente permanece en la edición inglesa (y en la primera edición italiana, para quienes hayan adquirido el volumen en la primera semana de difusión).

La parte que el autor también presenta como imaginaria contiene la hipótesis de que el Priorato se apresura hoy a revelar el secreto al mundo a través de su último Gran Maestro, un vigilante del Museo de Louvre que se llama Jacques Saunière. Para impedir que esto suceda, Suanière y sus principales colaboradores son asesinados. Un estudioso americano de la simbología, Robert Langdon, es el sospechoso de tales crímenes, pero una criptóloga que trabaja para la policía de París -Sophia Neveu, una nieta de Saunière- cree en su inocencia y le ayuda a huir. El lector queda inducido a creer que el responsable de los homicidios es el Opus Dei, pero las cosas son más complicadas.

 A cuenta de este instituto se repiten las más crudas “leyendas negras”, cientos de veces desmentidas, pero difíciles de morir, deducidas de la literatura internacional que lo critica, explícitamente citada. En la novela, un nuevo Papa progresista ha decidido rescindir los vínculos entre la Iglesia y el Opus Dei que surgen con el Papa Juan Pablo II, y el Prelado del Opus Dei acepta la propuesta que le viene de un misterioso “Maestro”: pagando a este personaje una suma inmensa podrá extorsionar a la Santa Sede apoderándose de las pruebas del secreto del Priorato de Sión -esto es, de la verdad de Jesucristo- y amenazando con revelarlo al mundo. Un ex-criminal, ahora numerario del Opus Dei es “prestado” al Maestro y precisamente éste último lo induce a cometer una serie de crímenes.

En realidad, el “Maestro” trabaja para sí mismo: es un riquísimo estudioso inglés, anticatólico, que quiere revelar el secreto al mundo y acusa al Priorato de callar por temor a la Iglesia. Entre muertos, enigmas y persecuciones, Robert Langdon y Sophia -entre los cuales surge inevitablemente una historia de amor- acaban por descubrir la verdad: la tumba de la Magdalena está escondida bajo la pirámide del Louvre, que se construyó por deseo del presidente francés -esoterista y masón- François Mitterrand (1916-1996), pero la sang rèal discurre por las venas de la propia Sophia, que es, por tanto, la última descendiente de Jesucristo.

ERRORES Y MISTIFICACIONES

Sólo la extendida ignorancia religiosa explica que alguien pueda tomar en serio un cúmulo de afirmaciones tan ridículas. Existen textos del primer siglo cristiano en los que Jesucristo es claramente reconocido como Dios. En la época del Canon Muratoriano -que data aproximadamente del 190 DC- el reconocimiento de cuatro evangelios como canónicos y la exclusión de textos gnósticos era un proceso que se encontraba ya sustancialmente completo, noventa años antes de que Constantino naciese.

En cuanto a la Magdalena, el Evangelio gnóstico de Tomás, que gusta tanto a Brown, bien lejos de ser un texto proto-feminista, funda la grandeza de esa mujer en el hecho de que “[?] se hace varón” . A Simón Pedro, que objeta “María debe marcharse de nosotros, porque las mujeres no son dignas de la Vida!” , Jesús responde: “He aquí que yo la guiaré de modo que haga de ella un varón, para que ella llegue a ser un espíritu vivo igual a vosotros, varones. Porque toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los Cielos” . La cifra de cinco millones de brujas quemadas por la Iglesia católica es del todo absurda, y Brown se olvida del hecho de que, en los países protestantes, la caza de brujas ha sido más larga y virulenta que en los católicos.

La idea misma de un “Código Da Vinci” escondido en la obra del artista italiano ha sido definida como “absurda” por la profesora Judith Verónica Field, profesora de la Universidad de Londres y presidenta de la Leonardo Da Vinci Society . Frente a estos despropósitos, el error del traductor italiano, que llama a la torre del reloj del Parlamento inglés “Big Bang” en vez de Big Ben, parece casi un pecado venial. Además, quien conozca un poco la historia de las mistificaciones sobre el Santo Grial sabe que en el Código Da Vinci hay bien poco de nuevo: todo ha sido dicho ya en centenares de libros sobre Rennes-le-Château , y -aunque el nombre de esta localidad francesa no haya sido mencionado en la novela de Brown- los apellidos Saunière y Plantard hacen claramente referencia a los mismos acontecimientos.

EL MITO DE RENNES-LE-CHÂTEAU: UNA FALSIFICACIÓN DESDE HACE TIEMPO DESENMASCARADA

Rennes-le-Chaâteau es un pueblecito francés del Departamento de Aude, al pie de los Pirineos orientales, en la zona de Razès. La población ha quedado reducida a una cuarentena de habitantes, pero todos los años los turistas son decenas de miles. Desde 1960 hasta hoy han sido dedicadas a Rennes-le-Château más de cincuenta obras en lengua francesa, al menos un par de best sellers en inglés y un buen número de títulos también en italiano. Se habla también en un film y en caricaturas de culto como Preacher o The Magdalena.

El pueblo se encuentra en el interior del “país cátaro”, esto es, en la zona donde la herejía de los cátaros ha dominado la región y ha sobrevivido hasta el siglo XIII; zona que una hábil promoción ha convertido en años recientes en uno de los más codiciados destinos turísticos franceses. Rennes-le-Château quedaría, sin embargo, como una nota a pie de página en el rico turismo “cátaro” contemporáneo si del país no hubiese llegado a ser párroco, en 1885, don Berenguer Saunière (1852-1917). Es a él a quien hace referencia toda la leyenda sobre Rennes-le-Château.

El párroco Sauniére era, sobre todo, un personaje extraño. En el año 1909 rechaza trasladarse a otra parroquia, y en el 1910, después de haber pasado por un proceso eclesiástico, sufre una suspensión a divinis. Aun privado de la parroquia permanece hasta su muerte en el país que había enriquecido con nuevas construcciones -entre ellas una curiosa “torre di Magdala”- y escandalizado con una serie de excavaciones en la cripta y en el cementerio, a la búsqueda de no se sabe bien qué cosa.

Convertido en más rico de lo que era habitual para un párroco de campaña, se dice que había encontrado un tesoro. Todo podía explicarse, sin más, como sospechaba su obispo, con un menos romántico tráfico de donaciones y de misas. En épocas recientes se ha sostenido que Saunière habría descubierto en la cripta importantísimos manuscritos antiguos, pero aquellos que han aparecido son evidentemente falsos: del siglo XIX, si no del XX.

Es posible que en el curso de los trabajos para restaurar la iglesia parroquial -una actividad que va, en todo caso, adscrita al mérito del párroco original- don Saunière hubiera descubierto cualquier hallazgo de época medieval, pero, en todo caso, no en cantidad suficiente para enriquecerse. Se continúa repitiendo también que Saunière habría estado en relación con ambientes esotéricos de París, aunque de esto no hay ninguna prueba. La figura de Saunière no está exenta de interés y sus construcciones muestran que se trataba de un hombre singularmente atento a las alegorías y a los símbolos, sobre la estela de una tradición local. Pero nada más allá ha podido nunca ser probado.

La leyenda de Sauniére no habría continuado en el tiempo si su sirvienta Marie Denarnaud (1868-1953) -a quien el sacerdote había legado la propiedad y las construcciones de Rennes-le-Château, para evitar que cayeran en manos del obispo con quien se hallaba enfrentado- no hubiese continuado especulando durante años acerca de los tesoros escondidos, para animar a eventuales compradores. Y si otro personaje, Noel Corbu (1912-1968) después de haber adquirido a Denarnaud la propiedad del ex-párroco para convertirlas en un restaurante, no hubiese comenzado, a partir de 1956, a publicar artículos en periódicos locales donde -animado, ciertamente, por el deseo de atraer turistas a un lugar remoto- ponía los presuntos “millones” de don Saunière en relación con el tesoro de los cátaros.

En el año 1960, las leyendas difundidas por Corbu a escala local adquieren fama nacional después de haber atraído la atención de esoteristas -entre ellos Pierre Plantard (1920-2000), que había vivificado anteriormente al grupo Alpha Galates y que había sido condenado por fraude al fondo esotérico- y de periodistas interesados en los misterios esotéricos, como Gérard de Sède, que publica en 1967 L´or de Rennes . Tres autores ingleses de esoterismo popular -Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln- se encargarán de elaborar posteriormente sus ideas, transformándolas en una verdadera industria editorial -gracias también a la BBC, que las difunden a bombo y platillo- puesta en marcha con la publicación en 1979 de El Santo Grial .

Según de Sède y sus seguidores ingleses, el párroco había descubierto el secreto de Rennes-le-Château, donde estaría depositado no sólo un tesoro fabuloso -alternativamente atribuido al templo de Jerusalén, a los visigodos, a los cátaros, a los templarios, a la monarquía francesa, y del cual el sacerdote habría sacado sólo una pequeña parte-, pero también un tesoro de tipo inmaterial, la verdad misma sobre la historia del mundo, revelada por los presuntos pergaminos encontrados por don Saunière, por la inscripción del cementerio, por las formas mismas de los edificios y de cuanto se encuentra en la iglesia parroquial.

En el pueblecito pirenaico existirían documentos capaces de probar que Jesucristo -verdad cuidadosamente escondida por la Iglesia católica- había tenido hijos con María Magdalena, que estos hijos llevarían en sí mismos la sangre misma de Dios, y que, por tanto, tienen el derecho de reinar sobre Francia y sobre el mundo entero. Que el Santo Grial sería más precisamente el “sang réal”, la sangre real de los descendientes físicos de Jesucristo, es afirmado desde que Plantard entra en la historia de Rennes-le-Château. El Código Da Vinci se limita a repetir estas afirmaciones.

Por prudencia, afirma Plantard, la descendencia de los merovingios de Jesucristo habría sido siempre mantenida como un secreto conocido por pocos. Pero los cátaros, los templarios y los grandes iniciados -desde el mismo Saunière al pintor Nicolás Poussin (1594-1655), el cual habría dejado una pista en el famoso cuadro del Louvre Los pastores de Arcadia, que representaría precisamente el panorama de Rennes-le-Château- han custodiado el secreto como algo preciosísimo, dejando entrever de vez en cuando algún indicio.

Hoy, naturalmente, existe un Priorato de Sión. Fue fundado en 1956 por Pierre Plantard -que se hace llamar también “Plantard de Saint Clair”, inventándose un título nobiliario fantasioso que está en los orígenes de las afirmaciones de El Código Da Vinci, según el cual también “Saint Clair” sería un apellido merovingio-,con acta notarial y papel sellado. Plantard ha dejado entender que él mismo es un descendiente de los merovingios y el guardián del Grial.

La prueba de que el Priorato existe desde hace millones de años debería consistir en el nombre de una pequeña orden religiosa medieval llamada Priorato de Sión. Esto, efectivamente, ha existido -y ha dejado de existir-, pero no tiene relación de ninguna clase ni con los merovingios ni con presuntos descendientes de Jesucristo. No es difícil concluir que el vínculo entre Rennes-le-Château, los merovingios, y el Priorato de Sión es puramente legendario, y que el Priorato es una organización esotérica cuyos orígenes no van más allá de la experiencia de Plantard y de sus colaboradores. No ha existido ningún Priorato de Sión -en el sentido en que hoy se habla- antes de la llegada de Plantard a Rennes-le-Château. Ahora, naturalmente, existe, pero sólo desde 1956.

En la página de Información histórica del Código Da Vinci se afirma, como he señalado, que toda la historia está confirmada por documentos inapelables. Se trata de los famosos documentos en parte “redescubiertos” en 1975 en la Biblioteca Nacional de París, y en parte transmitidos anteriormente al escritor Gérard de Sède. Los documentos, sin embargo, han sido “redescubiertos” por las mismas personas que los habían escondido en la Biblioteca Nacional de París: Plantard y sus amigos. Y es completamente cierto que no se trata de documentos antiguos sino de documentos falsos modernos. El principal autor de los documentos falsos, Philippe de Chérisey -muerto en 1985- ha confesado haber participado en su falsificación, lamentándose incluso de haberlos utilizado sin que se le pagara la debida compensación, hecho sobre el que existen cartas del abogado de Chérisey .

En cuanto a Poussin, la “prueba” de su vinculación con Rennes-le-Château habría debido ser la fotografía de una tumba presente en el territorio del pueblecito francés, hoy destruida, pero en la que Poussin se habría inspirado para su cuadro Los pastores de Arcadia. Lástima, sin embargo, que se hayan encontrado el permiso y los planos de construcción de la tumba, fechados en 1903, y que la tumba haya sido terminada en 1933 . La tumba es, pues, posterior en casi trescientos años al cuadro de Poussin. No hay ningún documento ni ninguna prueba, por tanto. Sólo fantasías, buenas para vender novelas más o menos apasionadas, pero que desde el punto de vista estrictamente histórico deben ser consideradas auténtica basura.