El Necronomicon o ‘El libro de los nombres muertos’

El Necronomicon o ‘El libro de los nombres muertos’, es una guía para conectar con el reino de los muertos, algo así como un libro de culto entre los aficionados al espiritismo, las artes ocultas y esas cosas tan góticas.

Según H.P Lovecraft, fue escrito hacia el siglo VIII por un poeta loco del Yemen llamado Abdul Al-Hazred, habiendo titulado la obra originalmente como ‘Al Azif’. Ese nombre es el que dan los árabes al rumor nocturno de los insectos y que se suponía lo producía el murmullo de los demonios.

Al-Hazred, musulmán poco creyente, pasó la mayor parte de su vida tentando al infierno en busca de lugares malditos: visitó las ruinas de Babilonia, la ruinosa y subterránea ciudad de Menfis, y pasó diez años de soledad en los desiertos de Rub al-Kalhi y Dahna, lugares habitados por secretos olvidados y por razas más antiguas que la humanidad. Pasó los últimos años en Damasco, escribiendo el Necronomicon hasta que desapareció o murió en el 738.

Desde entonces, el Necronomicon ha sufrido una serie de traducciones y censuras, de forma que hasta nuestros días sólo nos han llegado algunos fragmentos. Hay copias muy antiguas en unos pocos lugares clave como el British Museum de Londres o la Bibliothèque Nationale de París. Se rumorea que Bill Gates también posee un ejemplar (esto les encantará a los que odian Microsoft) y que además lo lee asiduamente. La obra que posteé ofrece una visión paralela a la literatura de H.P Lovecraft, un escritor de imaginación desbordante y autor de una gran cantidad de libros de terror que incluso conformaron su propia mitología (lo cual nos da pistas de hasta qué punto hay que ‘no creer’ en el Necronomicon).

Habla de unos seres llamados “Los Antiguos”, que poseyeron el mundo a una edad muy temprana de la Tierra. A pesar de haber construido grandes civilizaciones, sembraron la simiente del mal despertando la furia en otras entidades llamados los Señores Mayores.

 Éstos confinaron y sellaron a los Antiguos en la prisión del Vacío, donde su poder no pudiera seguir asolando el mundo. También hubieron de encerrar a Cthulhu, un demonio muy poderoso y maligno, que mora en la ciudad submarina de R’lyeh. Todos ellos se mantienen impacientes, esperando el momento para volver a la Tierra y dejar que ésta vuelva a sucumbir bajo su poder. No obstante el Necronomicon ofrece una serie de fórmulas mágicas, oraciones y sellos para hacer que los Antiguos puedan manifestarse desde el Vacío a través de la conjuración de una Puerta.

Esta serie de rituales están repletos de complicadas condiciones astrológicas, intrincados dibujos e ingredientes tan insólitos como polvo de mandrágora o la tierra de una tumba con al menos 200 años de antigüedad.

La pélicula de terror satírico “Evil Dead” (Noche Alucinante y El Ejercito de las Tinieblas) se basa en el necronomicón.

La etimología de Necronomicón es más transparente de lo que suele creerse. Aunque la forma no está testimoniada en griego antiguo, se trata de una construcción análoga a adjetivos comunes como ἀστρονομικός (astronómico), o οἰκονομικός (económico).

Estos adjetivos están formados por tres elementos: un lexema (ἀστρο-, οἰκο-, νεκρο-) + el lexema νόμος (‘ley, administración’) + el sufijo -ικος, sin significado, que sirve para formar adjetivos. Así pues, astronómico significa etimológicamente “relativo a la ley u ordenación de los astros”; el neologismo necronómico sería “relativo a la ley (o las leyes) de los muertos”.

Cuando estos adjetivos se ponen en neutro singular (ἀστρονομικόν) o plural (ἀστρονομικά), adquieren un valor genérico: en el ejemplo, “lo relativo a los astros”, “las cosas relativas a la ordenación de los astros”. A menudo se utilizaba esta forma para dar título a los libros: así, Astronomica es un libro del poeta latino Manilio (s. I d. C.). Necronomicon, neutro singular, es por tanto “(el libro que contiene) lo relativo a la(s) ley(es) de los muertos”.

En una carta de 1937 dirigida a Harry O. Fischer Lovecraft revela que el título del libro se le ocurrió durante un sueño. Una vez despierto, hizo su propia interpretación de la etimología: a su juicio significaba «Imagen de la Ley de los Muertos», pues en el último elemento (-icon) quiso ver la palabra griega εἰκών (latín icon),